El Auditori Espai Ter vivió anoche uno de los conciertos más esperados del 46.º Festival de Torroella de Montgrí, con las entradas agotadas desde semanas antes de la cita. La Mahler Chamber Orchestra, bajo la batuta de Daniel Harding —de vuelta al festival tras su debut en 2023—, compartió escenario con el pianista Daniil Trifonov para ofrecer una velada de gran altura artística.
Brahms abre una noche para el recuerdo
El concierto comenzó con el contundente inicio del Concierto para piano y orquesta n.º 1 en Re menor, Op. 15, de Johannes Brahms, interpretado de forma magistral por la orquesta, que desde los primeros compases ya auguraba una velada memorable.
Poco después entró en escena el piano de la mano de Daniil Trifonov, excelso como pocos solistas. Su interpretación estuvo marcada por una extraordinaria sensibilidad y un dominio técnico fuera de lo común.
En dos momentos de la obra, Trifonov regaló al público unas notas sueltas, únicas, tocadas con una delicadeza extrema que pareció suspender el aliento de toda la sala. La Mahler Chamber Orchestra, dirigida con precisión y elegancia por Harding, resolvió con maestría los constantes diálogos y enlaces entre el piano y el conjunto orquestal.


Dos bises ante un público rendido
Al término del concierto de Brahms, los intensos y prolongados aplausos del público obligaron a Trifonov a regresar al escenario. Rendido ante la acogida y correspondido por el entusiasmo de los asistentes, el pianista ofreció dos exquisitos bises.
La segunda de las piezas de propina, una cumbia, arrancó sonrisas y provocó aplausos todavía más entregados entre un público completamente ganado por el virtuosismo y la personalidad del pianista ruso.
Dvořák toma el relevo
Tras la despedida del solista y después de una generosa pausa, la orquesta reanudó la velada para afrontar, ya sin piano, la Sinfonía n.º 8 en Sol mayor, Op. 88, de Antonín Dvořák.
La obra, estructurada en cuatro movimientos, permitió comprobar de nuevo la calidad de la Mahler Chamber Orchestra y el trabajo de Daniel Harding. El uso de los vientos, tanto de metal como de madera, tuvo un papel central a lo largo de la interpretación.
Entre ellos destacó especialmente la flauta travesera, de ejecución brillante, que protagonizó algunos de los momentos más luminosos y expresivos de la partitura de Dvořák.
Una noche que quedará en la memoria
A la salida del Auditori Espai Ter, las sonrisas del público daban fe de la altura técnica y artística de la velada. La combinación del virtuosismo de Trifonov, la precisión de la Mahler Chamber Orchestra y la dirección de Daniel Harding convirtió el concierto en uno de los grandes momentos de esta edición del Festival de Torroella de Montgrí.
Una de esas noches en las que la música trasciende el escenario y deja en quienes la escucharon la sensación de haber asistido a algo verdaderamente excepcional.


Fotografias Marisa Zuñiga @mzs.fromthepit

