Una noche de jotas, palmas y memoria popular en la Sala 1 de l’Atlàntida.
En Vic, el tiempo se dio la vuelta por un rato. Pep Gimeno «Botifarra», acompañado de una sólida banda, resucita el cant d’estil y las jotas del cancionero popular valenciano, entregándolas tal cual, sin adornos,
ancladas a sus raíces. En la Sala 1 de l’Atlàntida, durante el Mercat de Música Viva, la sala entera le sigue el ritmo: palmas al son de cada jota, desde la primera fila hasta el fondo. Ambiente de romería popular, trasladado a las paredes de un teatro esa noche.
Cincuenta años recogiendo canciones
Esta vocación le llevó a recorrer pueblos en busca del cancionero popular: cantos de trabajo, romances y jotas que, con el tiempo, se habrían ido perdiendo. Este coleccionista de memoria nos llenó de anécdotas, y entre canción y canción declaró la cercanía entre catalanes y valencianos. Y, siendo fiel a sus principios, desplegó la
bandera palestina en un gesto breve.
El mérito de resistir
Antes de despedirse, Botifarra hizo un guiño a sus amigos músicos: no compañeros de gira, sino amigos en el sentido más amplio. Sostener un género como el cant d’estil en pleno 2026, y hacerlo además en el marco de una feria profesional como el Mercat de Música Viva, exige algo más que talento: exige convicción. No es fácil defender una tradición que muchos tildarían de anacrónica, y hace falta constancia para seguir haciéndolo concierto tras concierto, década tras década.
Esa noche, Botifarra y sus amigos demostraron que el folclore de su tierra sigue bien vivo, en un mundo cada vez más homogeneizado, donde las raíces y la identidad de cada pueblo se diluyen sin apenas darnos cuenta.




Fotografias Ramon Panosa @rp.livemusic

