El Cascanueces del Ballet de Kiev llena de magia navideña el Teatro Coliseum de Barcelona

El Cascanueces del Ballet de Kiev llena de magia navideña el Teatro Coliseum de Barcelona

El Ballet de Kiev presentó El Cascanueces en el Teatro Coliseum de Barcelona con una producción clásica que celebró la tradición navideña a través de la música de Chaikovski, una cuidada puesta en escena y un sólido cuerpo de baile.

Tradición navideña sobre el escenario

El espíritu de la Navidad volvió a tomar forma sobre el escenario del Teatro Coliseum de Barcelona con El Cascanueces, interpretado por el Ballet de Kiev. Una producción que, fiel a la tradición, combinó la delicadeza de la danza clásica con la fuerza evocadora de la música de Chaikovski, transportando al público a un universo de fantasía, nostalgia y celebración.

El Ballet de Kiev y la ejecución técnica

Desde los primeros compases, la atmósfera navideña se impuso con naturalidad. El cuerpo de baile demostró una sólida formación técnica, especialmente visible en la limpieza de los movimientos grupales y en la precisión de los conjuntos. El primer acto, más narrativo, sirvió para situar al espectador en el hogar de Clara, donde la escenografía y el vestuario recrearon con acierto la estética decimonónica del cuento original.

La orquesta —reproducida en grabación— permitió que la coreografía se apoyara plenamente en la riqueza melódica de Chaikovski, facilitando una lectura clara y accesible incluso para quienes se acercaban al ballet clásico por primera vez.

El segundo acto: el momento más esperado

El segundo acto, ambientado en el Reino de los Dulces, fue el momento de mayor brillantez visual. Las variaciones solistas destacaron por su musicalidad y elegancia, con especial atención a la Danza del Hada de Azúcar y al Pas de Deux final, que consiguió una conexión notable con el público gracias a su equilibrio entre virtuosismo y sensibilidad interpretativa.

El Ballet de Kiev ofreció así una versión respetuosa con la tradición, sin artificios innecesarios, que apostó por la pureza del lenguaje clásico y por una puesta en escena efectiva. Un Cascanueces que cumple con solvencia su función: emocionar, celebrar y recordar por qué esta obra sigue siendo un ritual imprescindible de la Navidad cultural.

Como espectadora —y como fotógrafa— resulta imposible no fijarse en los pequeños detalles: la coordinación del cuerpo de baile, la expresividad contenida de los solistas y la forma en que la luz acompaña cada cambio de atmósfera. El segundo acto se convierte en un auténtico festín visual, donde cada danza parece pensada para ser recordada como una postal navideña en movimiento.

La simetría del cuerpo de baile y el uso del color convierten el segundo acto de El Cascanueces en uno de los momentos más fotogénicos del ballet.

Hay espectáculos que funcionan como un refugio, y El Cascanueces es uno de ellos. La propuesta del Ballet de Kiev en el Coliseum no busca reinventar la obra, sino recordarnos por qué sigue emocionando generación tras generación.

Conclusión

Más allá de la técnica, lo que permanece es la sensación de haber asistido a un relato que apela directamente a la memoria y a la infancia. Un ballet que no necesita sorpresas para funcionar, porque su magia reside precisamente en lo reconocible.

El Cascanueces del Ballet de Kiev no pretende sorprender, sino acompañar. Y en esa fidelidad a la tradición reside su mayor virtud: ofrecer al espectador un paréntesis de belleza, música y danza que encaja a la perfección con el espíritu navideño.

Gracias a Sandra Araquistain por la acreditación para cubrir este extraordinario espectáculo.

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