Razzmatazz, Barcelona. Última fecha de la gira Bravo, presentación y cierre a la vez, como si Sexy Zebras hubiera decidido reventar el final. Había expectativa alta (con esta banda siempre la hay), pero lo que ocurrió dentro no fue un concierto común, doy fe de que fue una prueba de resistencia. Pogo durante prácticamente todo el set, cerveza en el aire, sudor ajeno en la camiseta y esa sensación de que el suelo tiembla con cada golpe de bombo aunque no estés mirando al escenario.
Yo vine a contarlo como redactor, sí. Pero también vine a vivirlo como lo vivo siempre, metiéndome en el público, en el centro de la ola, para escribir desde dentro y no desde la barrera. Y aun así (y esto lo digo con orgullo y con derrota), incluso siendo yo de los que saben moverse en un pogo, no fui capaz de aguantar todas las canciones sin descanso. Sabemos que Sexy Zebras no te deja guardar energía, sino que te obliga a gastarla.
De tres personas a conquistar la sala
Entraron con Bailaremos, como debe ser, como siempre. Y durante un momento pasó algo raro. La sala parecía contenerse. Un mini pogo lo iniciaron tres personas, casi como si pidieran permiso. Me preocupé un segundo. Barcelona tenía miedo y vergüenza al choque. Pero ese pudor duró lo que tarda la banda en subir un punto más la intensidad, en el segundo o tercer tema, el pogo ya había conquistado la Razz. Era el estado natural del concierto. Sexy Zebras = pogo.
Y si se dice que este es “el mejor pogo de España”, no es una frase bonita, es bastante literal. Porque aquí el pogo no descansa. Aquí el pogo es espontáneo, es comunidad, es pacto. Lo mantienen ellos desde arriba, pero lo firma el público desde abajo.
Cuarto año consecutivo: cada vez más grandes, cada vez más lejos
Es mi cuarto año consecutivo viéndoles desde que los conozco, y hay algo que no cambia y, a la vez, cambia cada vez más. Hacen lo mismo, pero se superan. Es raro de explicar, no es que inventen un truco nuevo cada temporada, es que aprietan mejor los tornillos a lo que ya era sólido. Presencia. Ritmo. Carisma. Cohesión. Una máquina.
Pero también hay una pequeña pena, inevitable, y es que cada año tocan en sitios más grandes, y se pierde cercanía. Yo recuerdo a los Sexy Zebras cercanos, de estar con el público, de parecer colegas. Ahora ya no, ahora son rockstars. Y no lo digo como reproche, es más como diagnóstico.
José (guitarra) lo remató con una frase a modo de sentencia: “No volveremos a tocar aquí más”, refiriéndose a la sala. No era chulería, era un aviso de lo que se venía. Sold out rápido en Razzmatazz después de haber llenado un Movistar Arena. El siguiente paso se intuye. Probablemente la próxima gira los ponga en el Sant Jordi Club. Y a nosotros nos tocará asumir que el futuro del rock también implica distancia.



Un show grande: luces, presupuesto y mezcla perfecta
Se notó desde la primera parte del set las nuevas luces con mucha personalidad, un show visual brutal y una producción que ya juega en otra liga mayor. La mezcla y el volumen fueron perfectos, nada se manchaba. Si alguien quería un argumento para decir “han dado el salto”, que se quede con esto: la calidad técnica del show fue impecable.
La sensación de presupuesto (sí, se nota la pasta de Warner) no le quitó autenticidad al concierto, al contrario, la amplificó. Más recursos para hacer lo mismo que siempre han hecho, incendiar la sala.
Canciones que rompieron la sala (y cómo)
Charly García convirtió el pogo en deporte acuático. “La piscina”, “los remos”, el público jugando a imaginar dentro del caos. Marisol llegó con pelucas y la sala se volvió carnaval theriano sudado. Quiero follar contigo tuvo esa mezcla rara de descaro y herida, por allí asomó alguna lágrima de corazón roto que se secaba después a codazos. Pogo fue, claramente, la confirmación de lo evidente. Y Tonterías fue el momento icónico que muchos esperaban, Gabi bajando al público, abrazando gente entre sudor máximo, rompiendo la frontera entre banda y publico.
Entre guiños, Gabi soltó “puta Madrid” (ellos son muy de Madrid) y luego lo remató con un “visca el Barça” que devolvió la sala con un “chaquetero” juguetón.
Setlist
El setlist no tuvo descanso, fue una escalera de menor a mayor intensidad, una forma excelente de decir “última fecha”:
- Caracol (Intro)
- Bailaremos
- Búfalo blanco
- Mañana no existe
- Puñales y claveles
- C’est la vie
- Una canción para resucitar
- Sin bandera
- O todos o ninguno
- Jaleo
- Charly García
- Nena
- El abismo
- Flores a la guerra
- Marisol
- Bravo
- Canción de mierda
- Quiero follar contigo
- Pogo
- Días de mierda
- Tonterías
Funcionó. Si hubiese que poner un “pero”, sería que habría estado bien escucharles hablar un poco más. No por falta de conexión, sino porque cuando una banda está en esta forma, apetece que respire contigo entre golpes. Los que somos fans, nos gusta escucharles, nos gusta esa humanidad. Pero la verdad es que no hubo fallos. No hubo bajones. No hubo excusas para nada.
Despedida con Beatles y una sala que ya no era la misma
El final tuvo algo de ritual- All You Need Is Love sonando de fondo, la banda bajando a saludar a la primera fila, regalando setlists. La gente salía coreando “Tonterías” como himno.
Cuando se encendieron las luces después del show, la sala parecía otra. Salimos empapados de cerveza y sudor propio y ajeno. Yo, al menos, no podía con mi cuerpo. Y fuera, la fiesta seguía. Gente con pelucas de Marisol en la calle, mezclado con algún guiño “therian” suelto desde Arc, señales de que lo de dentro se expandía hacia la ciudad.
Sexy Zebras ha cerrado Bravo en Barcelona como se cierran las cosas cuando no quieres cerrar nada, reventándolo todo para que dure un poco más. Y sí, se van de las salas hacia recintos mayores. Da pena. Pero también es inevitable. Si el futuro del rock español tiene un nombre ahora mismo (y esto ya no es objetividad, es fe), suena bastante a este: Sexy Zebras.





