Una noche de distancias cortas pero de emociones enormes en el Tívoli

Una noche de distancias cortas pero de emociones enormes en el Tívoli
@mireiallaguno_

La noche del martes 10 de febrero de 2026, Beret ofreció en el Teatre Tívoli de Barcelona una de esas
noches que se quedan grabadas en la memoria colectiva de su público. El artista sevillano llegó a la
ciudad condal dentro de su gira de teatros “Lo Bello y lo Roto”, que sirve para presentar su más reciente
álbum y recorrer las emociones humanas más profundas a través de la música en vivo en un entorno
más cercano.
Desde los primeros acordes, el ambiente en el Tívoli se inundó de una intimidad casi cómplice: Beret no
necesitó grandes artificios, luces estridentes ni millones de watts; lo suyo fue una conexión directa con
el público, con letras que hablan de amor, pérdida, crecimiento y esperanza compartida. A lo largo de
casi dos horas, el escenario se convirtió en un confesionario musical donde cada canción era una
historia, y cada historia una parte de quienes habían venido a escuchar.
El repertorio del concierto equilibró con maestría los clásicos que han marcado la carrera del artista con
temas más recientes ligados al concepto del disco Lo Bello y lo Roto, obra que explora la belleza que
nace de las cicatrices y los momentos difíciles. Éxitos como “Lo siento” o “Si por mi fuera” se alternaron
con canciones más íntimas, donde la voz de Beret se escuchó casi sin filtros, como si cada palabra saliera
del corazón mismo del teatro, entre ellas también cantó canciones de sus compañeros de profesión
como Melendi, Yatra o los mismísimos Morat.


La atmósfera fue pura emoción: hubo silencios respetuosos seguidos de aplausos, móviles encendidos
en la oscuridad del teatro, y momentos en los que el público parecía susurrar las letras junto a él. Fue
una noche de entrega mutua, donde artista y asistentes compartieron risas, recuerdos y, sobre todo,
una profunda sensibilidad artística.
Beret, consciente del cariño que Barcelona le profesa, agradeció varias veces la presencia de quienes
llenaron el teatro, recordando cómo sus canciones han acompañado a muchos en instantes personales:
despedidas, reencuentros, esperanzas renovadas. Su voz, a ratos potente y a ratos quebrada, fue el hilo
conductor de una velada que supo a algo más que un simple concierto: fue un encuentro íntimo en el
que la música funcionó como espejo de emociones compartidas.
Al caer el telón, la ovación fue extensa, cálida y sincera. Quienes salieron a la calle después del show no
solo lo hicieron con canciones en la cabeza, sino con historias propias que se habían encontrado en cada
nota. Una noche de Beret en Barcelona es, sin duda, mucho más que un concierto: es una experiencia
que recoge lo bello y lo roto en cada uno de nosotros.

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