Emanero conquista La Riviera de Madrid con una noche de música, emoción y sabor argentino

Emanero conquista La Riviera de Madrid con una noche de música, emoción y sabor argentino

Anoche fue una de esas noches que sabes que vas a recordar durante bastante tiempo. Emanero llegaba a Madrid para dar su concierto en La Riviera y, sinceramente, creo que superó todas las expectativas.

Desde antes de entrar ya se notaba que había muchas ganas. Poco a poco la sala se fue llenando y el ambiente iba creciendo. Todo el mundo estaba esperando a que empezara y, cuando por fin salió Emanero al escenario, la energía cambió completamente. Empezaron los gritos, los saltos y, sobre todo, las ganas de cantar.

Desde el primer momento, una auténtica fiesta

Y es que una de las cosas que más me gustó fue precisamente eso: que no fue simplemente un concierto en el que vas, escuchas las canciones y te vuelves a casa. Desde el principio se sintió como una fiesta.

La gente estaba súper entregada y Emanero también. Se notaba que estaba disfrutando muchísimo de estar allí y eso se contagia.

Fue un concierto con momentos de todo tipo. Hubo canciones en las que era imposible quedarse quieto y otras en las que el ambiente se volvía un poco más especial. Pero si algo tuvo la noche fue mucha energía. De esa que hace que pasen las horas sin darte cuenta.

Una sala cantando al mismo tiempo

Uno de los momentos que más me gustó fue ver a toda la sala cantando las canciones. Había momentos en los que prácticamente cantábamos todos a la vez y Emanero simplemente dejaba que el público hiciera su parte.

Y eso, aunque parezca una tontería, es de las cosas que más se disfrutan en un concierto. Sentir que miles de personas están compartiendo la misma canción y viviendo exactamente el mismo momento es algo difícil de explicar si no se ha vivido.

La cercanía de Emanero

También me quedo con la sensación de que Emanero estuvo muy cercano. No se limitó a cantar y ya está, sino que hubo momentos en los que habló con nosotros, nos hizo partícipes y se notaba que para él también era importante estar allí.

Era su noche en Madrid y creo que consiguió disfrutarla tanto como nosotros.



La Riviera, completamente entregada

La Riviera estaba completamente metida en el concierto. Gente bailando, cantando, grabando algunos momentos con el móvil, pero sobre todo viviendo lo que estaba pasando.

Y creo que eso es lo bonito de estos conciertos: durante unas horas te olvidas un poco de todo lo demás y solo estás ahí, disfrutando.

Además, me hizo mucha ilusión ver cómo su música consigue unir a tanta gente. Aunque cada uno llegáramos con nuestra historia y nuestro motivo para estar allí, durante el concierto todos estábamos viviendo exactamente lo mismo.



Los momentos más esperados

Y cuando llegaron algunas de las canciones más esperadas, aquello fue una locura. Todo el mundo cantando, saltando y disfrutando como si no hubiera un mañana.

Son esos momentos que después recuerdas y piensas: “qué bien lo pasé”.

Una noche que pasó demasiado rápido

Cuando terminó el concierto me dio un poco de pena que se acabara, porque la verdad es que la noche se pasó rapidísimo.

Salí de La Riviera cansado, con la voz bastante tocada y con esa sensación de haberlo dado todo, pero también con una sonrisa.

Creo que eso es lo mejor que puede dejar un concierto. No solamente recordar las canciones, sino recordar cómo te sentiste allí.

Y anoche hubo de todo: emoción, risas, baile, muchos gritos y muchísimas ganas de disfrutar.

Emanero deja Madrid con un público entregado

Emanero dejó Madrid con una sala entregada y con un público que, por lo menos en mi caso, se fue con ganas de volver a verlo.

Y yo me quedo con una de esas noches que empiezan como un plan más y terminan convirtiéndose en un recuerdo muy bonito.

Porque al final, hay conciertos que simplemente escuchas y otros que realmente vives. Y el de anoche fue de los segundos.

Crónica y fotos: Tomás Joaquín Maida Aranibar

@tommy_jma

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