Otro misil imparable de puro power-rock que avanza más capas de sonido de su esperado nuevo LP, un disco que publicará pronto Calaverita Records.
Si hay una cosa que ya deberíamos de tener clara sobre Chicle es que prefieren dejar las definiciones a los oyentes. Ya sucedió con los anteriores adelantos y vuelve a ocurrir en el caso que nos ocupa, «Embustero», un cuarto single que avanza más pistas más sobre su nuevo y esperado LP, que será editado en 2026 por Calaverita Records.
Y es que, a la pregunta de qué les ha inspirado para concebir este temazo de puro power-rock, otro misil imparable dentro de su catálogo, el trío formado por Álvaro Benito (voz y guitarra), Héctor Navío (bajo) y Juan Zurdo (batería) lanzó referencias a la película de «Merlín» y a la magia negra del Senegal. ¿Despiste o secretos a plena luz del día? ¡Aaahhh!
| Esta «Embustero» que nos dejan escuchar hoy se une a los tres anteriores (y bien jugosos) adelantos, «Cemento», «Me vuelvo a torcer» y «Barro», con los que el trío va dejando pistas de su nuevo disco. Un LP que, sucediendo a su EP homónimo y el debut en largo «La Belleza» (2024), publicará Calaverita Records antes de que finalice el año. Lo que parece obvio es que Chicle no hacen prisioneros: sus guitarras crujen, la sección rítmica en una auténtica apisonadora y los estribillos se adhieren desde la primera escucha. Tampoco hay que olvidarse de unas letras que, con la honestidad por bandera, bien suenan a un ajuste de cuentas emocional. ¿A quién no le va a gustar? |
Más sobre Chicle:
Hay grupos que aparecen para llenar un hueco que no sabíamos que existía. Chicle es el proyecto vital de Álvaro Benito (voz y guitarra), Héctor Navío (bajo) y Juan Zurdo (batería). Forjado a fuego lento en la intimidad del local de ensayo y alejado del ruido mediático, el grupo nació con una premisa innegociable: rock.
Lo que comenzó con un EP homónimo y se consolidó con su primer LP, «La Belleza», ha evolucionado hasta convertirse en una maquinaria rítmica perfecta. Su música se caracteriza por guitarras crujientes, una sección rítmica que actúa como una apisonadora y estribillos que conectan de inmediato.
Chicle no hace prisioneros. Sus letras son un ajuste de cuentas emocional, donde la honestidad se funde con un sonido completamente orgánico que, sin embargo, suena más actual que nunca. El rock está vivo, y ellos son la prueba definitiva.

