Madrid vivió anoche una de esas noches en las que las canciones parecen llegar cargadas de más historia de la habitual. Gondwana y Quique Neira se encontraron sobre el escenario de La Riviera ante una sala prácticamente llena, con un público que desde los primeros minutos dejó claro que no había ido solamente a escuchar reggae: había ido a reencontrarse con canciones que llevan años formando parte de su vida.
La imagen de la sala ya decía bastante antes de entrar en detalles. Gente ocupando prácticamente todo el recinto, manos levantadas, teléfonos intentando guardar algún recuerdo y un escenario bañado constantemente por verdes, amarillos y rojos. Una formación amplia acompañaba a los protagonistas y ayudaba a construir ese sonido envolvente que, en directo, convierte cada bajo y cada golpe de batería en algo que se siente casi tanto como se escucha.
El concierto comenzó recorriendo rápidamente el universo de Gondwana. “Jah Children”, “Reggae Is Coming” y “Volver a sentir” fueron marcando el tono de un repertorio que alternó la energía del reggae más directo con canciones mucho más emocionales.
Y ahí apareció una de las grandes fortalezas de la noche: la cantidad de temas que el público reconocía apenas comenzaban los primeros acordes.
Canciones como “Nubes del firmamento”, “Dime”, “Armonía de amor”, “Dulce amor”, “Antonia” o “Nuestros sueños” fueron transformando La Riviera en un enorme coro. Había personas cantando de principio a fin, otras abrazándose y muchas simplemente mirando el escenario con esa sonrisa que aparece cuando una canción te lleva inevitablemente hacia algún recuerdo.
Pero uno de los momentos más especiales llegó cuando Quique Neira habló directamente con el público madrileño.



@tommy_jma
El cantante contó que aquella era su primera vez cantando en España y reconoció la ilusión que le hacía finalmente poder hacerlo. Fue uno de esos comentarios sencillos que cambian por completo la percepción de un concierto. Después de tantos años de trayectoria y de que sus canciones hubieran cruzado el Atlántico mucho antes que él, finalmente estaba frente a ese público que llevaba años escuchándolo.
Y se le notaba especialmente emocionado.
En su sonrisa, en la manera de observar la sala y también en la respuesta con la que recibió cada canción. Por unos minutos parecía producirse algo curioso: muchas de aquellas canciones podían ser antiguas para quienes las llevaban escuchando durante años, pero el encuentro entre Quique y el público español estaba ocurriendo por primera vez.
Ese contraste terminó convirtiéndose en uno de los puntos más bonitos de la noche.
Con el concierto ya completamente lanzado, el repertorio siguió avanzando entre diferentes etapas de la historia de Gondwana. “Irie”, “Jah Guide”, “Te recuerdo Amanda” y “Alabanza” fueron manteniendo una conexión constante entre escenario y público, mientras la banda construía un directo sólido, lleno de percusión, bajos profundos y guitarras que mantenían el pulso del reggae durante toda la noche.
Desde abajo, la sensación era la de estar viendo algo más que una sucesión de canciones.
Había celebración, pero también mucha memoria.
Porque buena parte del público no estaba descubriendo esas canciones esa noche. Las conocía desde hacía años. Algunas probablemente desde hacía décadas. Y escuchar nuevamente esas letras, esta vez con Gondwana y Quique Neira juntos frente a ellos, convertía cada clásico en una especie de pequeño reencuentro personal.
Hacia el tramo final llegó “Felicidad”, uno de esos títulos capaces de resumir bastante bien lo que se veía en muchas caras dentro de La Riviera.
Y para cerrar, “Sentimiento Original”.
Quizás no podía existir una canción más adecuada para terminar una noche así. Porque después de tantos años, cambios y caminos diferentes, había algo que seguía exactamente en el mismo lugar: esas canciones continuaban teniendo la capacidad de reunir a cientos de personas y hacerlas cantar como si el tiempo no hubiera pasado.






Gondwana y Quique Neira dejaron en Madrid una noche atravesada por nostalgia, reggae y mucha emoción. Pero, sobre todo, dejaron una imagen difícil de olvidar: la de Quique mirando por primera vez a un público español que, paradójicamente, llevaba muchos años esperando para cantar esas canciones con él.
Agradecimientos a Deputamadre Club Europa por la confianza de siempre.
Fotografias y cronica por Tomas Joaquin Maida @tomas_jma

