Sons del Món vivió una noche de reencuentro entre dos generaciones del rock català Festival Sons del Món • Ciutadella de Roses
Había ganas de Gossos. Se notaba en la Ciutadella de Roses a las 21:45, con la gente todavía entrando con la pulsera en la mano y buscando un sitio desde donde se viera bien.
Gossos volvía a Roses y Lax’n’Busto celebraba 40 años sobre los escenarios. Eso reunió en el mismo recinto a padres con sus hijos y a cuadrillas que no se veían desde el último Acampada Jove.
Gossos abrió la noche con un público entregado
Gossos salió con «Oxígen» y al principio costó. Es lo que tiene abrir un concierto de estas dimensiones. Pero con «Condemnats» ya empezaron a afinarse las voces del público y, con «Corren», la Ciutadella entera cantó al unísono. No era el típico playback de festival, era gente que se sabía la letra de verdad.


Fotografías Ramón Panosa @rp.livemusic
Lax’n’Busto celebró sus 40 años sin bajar el ritmo
El cambio a Lax’n’Busto fue directo, sin pausa para enfriarse. Abrieron con «La Meva Terra És El Mar» y ya no pararon.
«Trepitja Fort» disparó la energía y en «Tornarem» pasó eso que solo pasa aquí: banderas al aire, todo el mundo gritando la letra y esa sensación de que la canción es más de todos que de ellos.
Uno de los momentos más celebrados llegó durante «Llença’t», cuando el cantante bajó del escenario y se acercó al público. La gente se emocionó, cantando y reaccionando con fuerza a esa cercanía.


Fotografías Ramón Panosa @rp.livemusic
El momento más especial: Gossos y Lax’n’Busto juntos sobre el escenario
Pero el momento de la noche llegó cuando Pemi Fortuny paró el concierto para dedicar unas palabras a sus amigos de Gossos, a quienes lleva sintiendo como familia desde hace tiempo.
Fue entonces cuando subieron al escenario y ambas bandas compartieron unas cuantas canciones, tocando todos juntos. No estaba en el cartel, nadie se lo esperaba y la ovación fue de las que hacen temblar las piedras de la Ciutadella.



Fotografías Ramón Panosa @rp.livemusic
Un cierre inesperado en Roses
Después cerraron con lo suyo, incluso con una versión de «Should I Stay or Should I Go» que nadie se vio venir.
Cuando cortaron los altavoces, la gente se quedó un rato más, todavía cantando por lo bajo camino de la salida.
Había sido una noche de esas que te recuerdan por qué el rock català sigue llenando recintos 40 años después.
