El pasado lunes, el prestigioso guitarrista estadounidense Eric Johnson actuó por primera vez en Barcelona dentro de su gira europea Texaphonic, ofreciendo un espectáculo memorable en la sala Razzmatazz 2.
El guitarrista, acompañado por el batería Tal Bergman y el bajista Daniel Kimbro, fue recibido con una cálida ovación por parte del público, que llenó la sala con la expectación de asistir a la actuación de un músico que, a sus 71 años, ha demostrado que sigue siendo uno de los grandes referentes del rock instrumental.
El concierto estuvo planteado en cuatro bloques claramente diferenciados, cada uno centrado en un estilo musical distinto, lo que permitió apreciar la enorme versatilidad de Johnson. La actuación comenzó con varios temas introductorios, entre ellos Righteous, que sirvieron para dejar patente la solidez del artista y la capacidad del resto de componentes para desenvolverse con total naturalidad. A continuación, Johnson permaneció en escena únicamente junto a Daniel Kimbro para ofrecer un set acústico mucho más íntimo y emotivo. Este bloque culminó con la interpretación de Song for George, uno de los momentos más conmovedores de la noche.
Con el regreso de Tal Bergman al escenario y la guitarra eléctrica de nuevo en manos de Johnson, el concierto dio paso a una sección marcada por las influencias del jazz y la improvisación. Los tres músicos dispusieron de momentos de protagonismo individual, con numerosos solos de guitarra, bajo y batería que fueron recibidos con entusiasmo por el público.
El tramo final elevó definitivamente la intensidad del espectáculo con los temas más potentes del repertorio. Como broche de oro, Johnson interpretó Cliffs of Dover, su composición más emblemática y por la que ganó un Grammy en 1992, demostrando una vez más la extraordinaria técnica, velocidad y sensibilidad que han convertido su estilo en una referencia para generaciones de guitarristas.
No cabe duda que el concierto fue un rotundo éxito. Más que una simple actuación, fue una auténtica exhibición musical. De esos conciertos que invitan casi más a sentarse y contemplar cada detalle que a dejarse llevar únicamente por la euforia del momento.


