Hay conciertos que se disfrutan y otros que se quedan grabados en la memoria. Yo particularmente aun me estoy recuperando de la resaca emocional.
Oques Grasses ha conseguido ambas cosas con su gira de despedida, llevando a miles de personas al Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona, en concreto 220.000 persona 55.000 cada noche en 4 fechas colgando el sold out en todas. ¡Brutal!
El grupo de Osona demostró una vez más que su música llega a todo tipo de personas y edades, tengo que decir que es uno de los conciertos donde he visto más niños acompañado por sus padres y disfrutando las canciones incluso más que los adultos. Ese entorno familiar que se crea padres&niños es espectacular, da gusto ver como generaciones distintas disfrutan de una misma canción de manera diferente.
Desde sus primeros años, Oques Grasses ha construido una identidad propia gracias a una combinación de estilos musicales, letras personales y una actitud desenfadada. Sin embargo, su despedida demuestra hasta qué punto ha evolucionado el grupo. Lo que comenzó como una propuesta vinculada a los circuitos de música en directo y las fiestas populares y las barbacoas, se ha transformado en un espectáculo de grandes dimensiones.
A esto venia yo ahora, me sorprendió muy gratamente la producción y todo el espectáculo que llevan un macro escenario con una pantalla enorme que ocupaba toda la pista con un calidad buenísima, tarimas que se mueven durante el concierto, fuegos artificiales, fuegos delante de la tarima una buen sonido aquí hay que recalcar que siempre lo he dicho, Josep Montero tiene un directo como pocos artistas tiene esa claridad al cantar, la entonación es como si estuvieras escuchando el disco en el momento.


Empezó el show él solo con la guitarrita que siempre le acompaña cantando encima de la garita de sonido que estaba en medio del estadio, luego ya se unió con la resta del grupo en el escenario principal. Muy chulo fue la verdad. Con canciones que ya forman parte de una generación como La gent que estimo, Serem ocells, Elefants y Sort de tu representan distintas caras de su universo musical, vendrían a ser himnos como la canción de Boig per tu de Sau. Algunas invitan a bailar sin pensar demasiado; otras conectan con
sentimientos más íntimos, como el amor, la amistad, la libertad o la incertidumbre ante el futuro.
Los que estábamos allí no solo cantamos las canciones porque las conocíamos, sino porque encuentras en ellas una parte de su propia historia; como la banda sonora de diferentes momentos de tu vida, a mi particularmente me hubiese gustado compartirlo con alguien, ya que no solo es un concierto
sino una explosión de sentimientos.
Mucho más que un concierto en catalán
Reunir a decenas de miles de personas en un estadio para escuchar música en catalán supone un paso importante para una escena musical que durante mucho tiempo ha convivido con dificultades de difusión y visibilidad.
La banda ha demostrado que cantar en catalán no limita las posibilidades de construir un espectáculo masivo y moderno. Al contrario, su trayectoria evidencia que una propuesta arraigada en una lengua y una cultura
determinadas puede conectar con públicos muy diversos sin renunciar a su identidad. Es una demostración del potencial de la música catalana y de su capacidad para ocupar espacios tradicionalmente asociados a grandes artistas internacionales.



Un adiós que ya es historia
Los conciertos en Barcelona confirman que Oques Grasses ha alcanzado una posición destacada dentro de la música catalana. Su capacidad para reunir a miles de personas, recorrer diferentes etapas de su trayectoria y convertir una despedida en una celebración colectiva representa uno de los momentos más
significativos de su carrera.
La noche del 9 de octubre no fue simplemente otra fecha dentro de una gira. Fue una oportunidad para comprobar el vínculo construido entre una banda y su público durante años de canciones, conciertos y experiencias compartidas.
Ha llegado el momento de abandonar definitivamente los escenarios, quedará la música y todo lo que ha significado para quienes han crecido escuchándola. Porque el final de un grupo no implica necesariamente el final de su influencia.
¿Creéis que no volverán en un fututo o será un adiós para siempre?
¡Quiero pensar que con los años volverán, dejarme pensar eso! Oques Grasses se despide en un estadio, pero su legado seguirá vivo en las canciones que su público continuará cantando. Y quizá esa sea la mejor
manera de entender esta despedida: no como una pérdida absoluta, sino como el cierre de una etapa que ya forma parte de la historia musical de toda una generación.
Y como dicen ellos, lo que empezó por amor, con amor se acaba.


Cronica Pitu Sitges / Fotografias Xenia Gabernet @byxeniagabernet

