La banda de Nashville cerró la noche del domingo en el MiroRock con la gira que celebra el aniversario de su disco más emblemático
Tras la apertura de Sol Lagarto, la noche se trasladó al escenario principal de La Mirona, una de las salas de referencia de la música en directo en las comarcas de Girona. Con gafas oscuras, Mike Farris salió al frente de The Screamin’ Cheetah Wheelies, que el domingo 11 de octubre hacían parada en Salt dentro de su gira española.
Treinta años de Magnolia
La banda llegaba a La Mirona con un motivo de celebración: los treinta años de Magnolia, el disco que sus seguidores consideran su mejor momento. Sobre el escenario, Farris alternó la voz con la armónica en varios temas, un guiño a las raíces blues del grupo. Nacidos en Nashville, los Cheetah Wheelies se hicieron un nombre con un rock sureño cruzado con blues y soul que les llevó a fichar por Atlantic Records. Magnolia se grabó en los estudios Bearsville de Woodstock, en Nueva York. Para Farris, el aniversario merecía celebrarse con quienes han mantenido vivas esas canciones durante todo este tiempo, y esa idea es la que sostiene la gira.
Veteranía sobre el escenario
Arropado por músicos con décadas de trayectoria, Farris, que en solitario llegó a ganar un Grammy, condujo un concierto sobrio, sin artificios, en el que el repertorio pesó más que el espectáculo. Una veteranía que venía de lejos, de compartir escenario con los Allman Brothers o ZZ Top. Tras años de separación, la banda volvió a reunirse, y este octubre ha recorrido España con seis conciertos que la llevan de Santiago de Compostela a Zaragoza, pasando por Gijón, Madrid, Bilbao y Salt. En La Mirona, la pista respondió bailando y les dispensó una acogida cálida.
Treinta años después, Magnolia sigue viva sobre un escenario.



Fotos Marisa Zuñiga @msz.fromthepit

